Thursday, September 07, 2006

¿Para qué sirven los intelectuales?

¿PARA QUÉ SIRVEN LOS INTELECTUALES?


Cuando he sido maestro de matemáticas, con frecuencia surge la pregunta de algún fastidiado estudiante “¿Para que me van a servir las matemáticas?” La respuesta que yo prefería es otra pregunta “¿Para que sirve un recién nacido?” No lo sabemos con exactitud, y las respuestas serán tan variadas como madres (y padres) haya, pero sí sabemos que las posibilidades son infinitas y esperanzadoras, porque infinitas son también las aportaciones humanas. Un razonamiento similar se aplica a la pregunta hacia los intelectuales.
El intelectual en nuestra sociedad es un cuestionador nato y un crítico potencial de su entorno, es un personaje que continuamente está utilizando su intelecto para el análisis de situaciones, siempre con la posibilidad de expresar sus opiniones y dar sus puntos de vista. Así, el intelectual es un observador no pasivo de la sociedad que pretende actuar como catalizador de cambios. Por otra parte, estos cambios se darán en el sentido hacia el cual el intelectual sienta mayor afinidad; es decir, no necesariamente de acuerdo con las mayorías. Como catalizador puede acelerar una transformación, puede retrasar un movimiento inclusive hasta matarlo, o puede causar una explosión.
¿Qué es un intelectual? En nuestra sociedad, el intelectual no es solamente el hombre o mujer que usa su intelecto para vivir, sino quien lo hace de una manera sobresaliente, destacando en el dominio de artes o ciencias; es un estudioso del conocimiento humano y, como tal, está capacitado para descifrar los signos superficiales de la cultura para encontrar explicaciones coherentes con una ideología particular. A través de esta tarea, de buscar respuestas más profundas y, por ende más cercanas a la verdad, se convierte en un crítico del mundo en el que vive, que aplica una metodología analítica a todas las facetas de la actividad humana con las que entra en contacto. De esta forma, casi natural, cuestiona la realidad y ofrece respuestas que permitan mejorar el conocimiento del mundo, sin conformarse con explicaciones fáciles o superficiales. Lo anterior, no significa que sus respuestas o puntos de vista sean los correctos para todos; simplemente lo serán para él.
Por otra parte, el intelectual vive generalmente en un mundo diferente al del resto de los seres humanos. Su compromiso con su actividad intelectual, con su rama de estudio, que no está sujeta a oficinas u horarios rígidos, y para la cual la remuneración económica casi nunca es relevante, lo aleja de las percepciones ordinarias de la gente acostumbrada a una vida basada más en el esfuerzo físico y en los hábitos inmutables y simples. El intelectual tiende a aislarse a veces en un mundo irreal, más bien teórico e idealizado que le puede llevar a alcanzar cumbres de sabiduría o a la excelencia artística pero descontextualizado de su propia sociedad. Se dice entonces que no aterriza sus habilidades. En la existencia del intelectual existe una contradicción casi insalvable: para sobresalir y desarrollarse debe dedicar la mayor parte de su esfuerzo a la actividad intelectual, dejando de lado la tosca realidad que, de entrada rechaza y lo rechaza. Si no resuelve esta paradoja, el intelectual corre el riesgo de quedarse flotando en el ámbito académico (homo currículum), discutiendo cuestiones de poco interés general, aunque para él tengan la mayor relevancia del mundo. En este caso, el intelectual cerrará su espacio de influencia hasta conformar un cenáculo.
El intelectual puede pasar de las grandes preguntas filosóficas de la vida a los problemas cotidianos del ser humano. Su disciplina de trabajo mental le puede ayudar a proponer soluciones de mayor alcance a los problemas diarios. Su libertad de actuación le otorga la facultad de buscar alternativas que estarían vedadas para los que están sujetos a convencionalismos, costumbres, comodidad o intereses de clase. Desde esta perspectiva, el intelectual es un componente necesario en la trama social y en la vida política.
¿Son útiles los intelectuales? Mi respuesta es que sí lo son. No sólo útiles sino indispensables. Pensando en retrospectiva podemos ver que los filósofos griegos, anteriores a Cristo, fueron los intelectuales de su tiempo, muchos de ellos incomprendidos en su época y otros, como Sócrates, inclusive fueron castigados con la pena de muerte por la subversión de las ideas. Sin embargo, 2,500 años después todavía los seguimos admirando por su profundidad de pensamiento y claridad de miras.
Los intelectuales son subversivos y rebeldes, y es precisamente en esas cualidades donde radica mucho de su valor para su mundo.

Los intelectuales pueden servir para poner en tela de juicio lo que ya hemos dado por sentado sin pensar mucho en ello;
pueden servir para llamarnos la atención sobre la forma en que vivimos;
para que nos detengamos a preguntarnos si vamos bien o nos regresamos;
para mirar al ser humano y sus aspiraciones con respeto;
para dejar claro que esta vida es la única que vamos a vivir;
para explicarnos que este mundo es el único que tenemos;
para mostrarnos que las posibilidades del hombre o mujer siguen siendo infinitas y que está en nuestras manos desarrollarlas.

Los intelectuales pueden servir para mantener nuestras conciencias alertas, siempre y cuando las de ellos también lo estén. Procuremos tener siempre intelectuales a la mano.


José Manuel Tamez
29 de abril de 2006

Faltan voces

FALTAN VOCES

México tiene ahora muchos temas para expresar su opinión;
México tiene ahora muchos canales para transmitir la palabra;
México tiene ahora muchos oídos que quieren escuchar las nuevas ideas;
a México le están faltando voces auténticas;
voces que hablen con la verdad;
voces que digan lo que siempre han querido decir;
Unámonos a los que ya empezaron a hablar y hablemos también.